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Rocío Martín Díez, Sigue adelante...

Rocío Martín Díez, sigue adelante

Quien me iba a decir, veinte años atrás, que ser voluntaria en un colegio de niños con lesión cerebral iba a marcar mi vida para siempre. Quien me iba a decir, que mi propio hijo la tendría...

En estos días, en los que he vivido además la muerte de mi tío Jorge, que sufrió una parálisis cerebral a los nueves meses de nacer y ha vivido más de cincuenta años sin poder hablar ni valerse por sí mismo, sin comer lo que quería o ir adonde quería, he comprendido más aún si cabe que estos niños llegan para cumplir una Misión de Vida... que eligen ser parte de tu familia porque son seres absolutamente generosos, que ofrecen su vida, el tiempo que dure, para que aprendamos... que ese acuerdo entre las almas de una misma familia que desde siempre he sentido que había, da sus frutos aquí, a pesar de que nuestra memoria no recuerde... No estamos donde estamos por casualidad.

¿Lesión cerebral o la grandiosidad de la vida?

Pero no sólo hace falta ser madre de un niño con lesión cerebral o alguna enfermedad, no hace falta que la suframos nosotros, no hace falta que pase algo en nuestras vidas que la cambie para siempre... o sí, quien sabe. Porque sólo quien lucha hasta el final, hasta la extenuación, se rinde y descubre la grandiosidad de la vida. Sólo así te entregas a ella y hablas con el Dios que llevas dentro, no del que te cuentan. Ese momento, tarde o temprano, nos llega a todos...

La ayuda siempre llega si estás atenta

Cuando hace casi cuatro años Javi, el osteópata de mi hijo, me dijo que escribiera un libro, nunca pensé que realmente lo haría. Dicen que cuando algo fluye, es que tenías que hacerlo... Es verdad que Javi, más que nadie, ha sido testigo de nuestro camino y nuestra transformación, semana a semana. De la de Felipón, pues se asombró al ver su informe médico el primer día que llegamos a su consulta, por la cantidad de lesiones que cabían en un cerebro tan pequeño y por el pronóstico tan negro que tenían. Pero también de la mía... Entonces Felipón era un bebé de tres o cuatro meses con una evidente hipotonía, epilepsia casi constante, mirada perdida y una bronquiolitis tras otra que le llevaban a no saturar bien y tener los labios morados en un abrir y cerrar de ojos. Entonces, yo era una madre cansada, acelerada, enfadada con el mundo y muy, muy despeinada.

Aquel día cuando llegué a casa estuve un rato sorprendida con el comentario. ¿Yo escribir un libro? Javi conocía a muchas madres de niños con algún problema neurológico... ¿Por qué me lo decía a mí? “Por cómo te lo has tomado”, fueron sus palabras. Quizás, porque desde que nacieron, incluso antes aún de saber lo que sé ahora, no veo sólo bebes en mis hijos sino seres con un alma sabia que saben y hablan más allá de las palabras. Esas fueron las mías.

Así que, en lugar de asfixiarme en el primer pensamiento que me vino a la cabeza, o sea, que yo no era nadie para escribir un libro, que sólo era una madre que luchaba a diario por sacar adelante a un hijo con lesión cerebral, contra todo pronóstico… Como todas: una simple madre de otra niña, Candela, de dos años, que entonces reclamaba atención y juegos y no me ponía nada fácil volcarme en las terapias; una mujer, hija, esposa y trabajadora como cualquier otra...

Comencé a escribir. La semilla ya estaba sembrada... Y fue encontrando su trocito de tierra en el que crecer a medida que yo descubría lo que podía aportar...

El cambio se produce si estás dispuesta a ello

“El Regalo que cambió nuestras vidas” se ha escrito sólo, con las palabras y hechos de nuestro día a día, que nunca es igual. Porque ya nada lo es desde que tienes un hijo y, menos aún, desde que tienes un hijo con lesión cerebral. Aprendes a vivir al día. Y lo más loco de todo es que creo que más que solo, este libro ha venido a escribirlo nuestro hijo Felipón, una de las muchas cosas que ha venido a hacer a este mundo... Porque como dice su padre, es un auténtico sinvergüenza, y como dijo mi madre cuando se enteró de la noticia: Recuerda Rocío, Felipón viene dando, no viene quitando...

Comprendí entonces, porque así salía de mi a medida que escribía, que lo que tenía que aportar no eran métodos, terapias, alimentación o síntomas que tuviera mi hijo, porque cada caso es único y cada familia también lo es. Para eso hay médicos, terapeutas y personas que saben más que yo...

¿Qué te puedo aportar como mujer y como madre?

Lo que yo podía aportar a otras madres es mi historia, para que les sirva de referencia y no se encuentren solas, perdidas en un mar de consejos, caras de pena, incertidumbre... Habría dado mucho entonces porque alguien me dijera cosas útiles, todas juntas, y sobre todo que me dijera que la más importante, la protagonista de la película, era yo...

La madre al fin y al cabo es la que pasa horas con su hijo, son sus manos, y sus pies... Es nuestro deber hablar por él hasta que él algún día, si puede hacerlo por sí mismo, lo haga. Pero para hablar por alguien, hay que estar lo suficientemente bien para no dejarte llevar por:

  • tus propios miedos,
  • interpretaciones,
  • bloqueos y
  • filtros de la realidad

que en absoluto son la Verdad absoluta aunque lo parezca... Y sólo así podrás pararte a pensar lo que de verdad él necesita, y sólo estando bien podrás defenderlo desde la paz, desde la razón y desde el corazón, no desde la lucha... Porque en ese estado de bloqueo, pierdes toda tu energía y el tiempo, que es lo peor.

Lo que sentía que podía aportar a las mujeres, fueran madres o no, es a ser conscientes de lo mucho que tenemos que decir cuando despertamos.

A medida que iba escribiendo, eso es lo que iba surgiendo... Ponerlo en papel me ayudaba a ver con claridad lo que me estaba pasando. Felipón se convirtió en mi maestro sin darme cuenta y me fue llevando a esa paz conmigo misma que a día de hoy trato de mantener, porque la Vida es un reto constante y un hijo con lesión cerebral no te deja dormirte en los laureles. Hay quien me ha dicho: claro, Felipón mejora porque cualquier niño lo hace con el paso del tiempo... Eso no es así, un niño con lesión cerebral no mejora si no das con la tecla, y si no mejora, empeora, pues el paso del tiempo le separa cada vez del resto de los niños que sí mejoran pase lo que pase. Así que tenía un termómetro en casa que medía mi evolución interior haciendo evidente en su evolución física cada paso que dábamos juntos.

Cuantas preguntas sobre la lesión cerebral, mi hijo y el futuro

  • ¿Y qué pasa si su evolución un día se para?
  • ¿Qué pasa si mi hijo no es capaz de trabajar algún día, de tener novia o de salir a tomar copas con sus amigos porque sus limitaciones físicas o mentales son demasiado grandes...?
  • ¿Significará entonces que no lo he conseguido?
  • ¿E incluso, que yo he parado de crecer?

Son preguntas que me he hecho recientemente. Momentos en los que sentía de repente que tanto él como yo habíamos parado ese ascenso vertiginoso, cada uno en su propio camino... No, eso también es crecer y mejorar. Y ahora, que cuando dudo pregunto al Universo qué debo hacer... éste me responde, “Sigue”. Sólo eso. Paráis a coger perspectiva.

Sigue adelante...

Imagen de Rocio Martín Díaz sonriendoOjalá mi historia sirva, al menos, para abrir una puerta en ti... Ojalá mi historia, nuestra historia, sirva para que comprendas como así lo he hecho yo, como así lo ha hecho mi marido también, que tu hijo viene a mucho más de lo que te imaginas. Entre otras cosas, para que sueltes el control de tu vida, para que comprendas que la vida te quiere ayudar y te envía mensajes y mensajeros que te dan la llave para cada momento y para cada situación, para que sientas el latido de tu corazón, contento, para que seas feliz y comiences una nueva vida, un despertar y, por supuesto, para que veas tu cuerpo como un instrumento sagrado que debes cuidar y liberar de cargas. Esa es para mí la verdadera sanación. La de ambos...

 

 Firma Rocio Martín Díaz

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